Alberto Buela, “Acerca de la filosofía en y de Iberoamérica”, Diálogo 6 (1992).

ACERCA DE LA FILOSOFIA EN Y DE IBEROAMERICA

Por el Dr. ALBERTO BUELA[1]

La tesis, que damos por implícita en el presente trabajo, es que Iberoamé­rica constituye una unidad histórico-cultural común y por lo tanto, el pensamiento surgido en los diversos países que la integran conforma una unidad en lo esencial. 

Incluso más, forma una ecúmene con perfil propio puesto que posee en la base una religión (la católica heredada de España y Portugal) y una lengua (galaico-castellana) común, y ha vivenciado desde siempre un enemigo común (el anglosajón). Todo ello la especifica entre las grandes ecúmenes que cubren el orbe con rasgos peculiares, obviamente, más allá, de los matices regionales que ciertamente existe.

Acá nos vamos a ocupar del pensamiento filosófico stricto sensu y no de filosofía aplicada (sociología y política), o del pensamiento en general, del que por otra parte nos hemos ocupado en un trabajo recien­te[2].

FILOSOFÍA EN IBEROAMÉRICA

El problema de la filosofía en Iberoamérica es un pseudo problema, pues es evidente la existencia espacio-temporal de un pensamiento filosófico en nuestra tierras. Múltiples trabajos con mayor o menor enjudia ya se han encargado de demostrarlo. Como para sólo citar al­gunos tenemos: Ramón Insúa Rodriguez: Historia de la filosofía en Hispanoamérica, Guayaquil, 1949; Francisco Romero: Sobre la filosofía en América, Buenos Aires,1952; Abelardo Villegas: Panorama de la filosofía Iberoamericana actual, Buenos Aires, 1963.-; Manfredo Kempff Mercado:Historia de la filosofía Latinoamericana, México, 1964.-; Sergio Sarti: Panorama della filosofía ispanoamericana contemporania. Milán, 1976.A estos trabajos de conjunto podemos agregar las diferentes historias de la filosofía correspondientes a cada uno de nuestros paí­ses[3]. Por último tenemos a los filósofos y su producción directa en miles de artículos, revistas ad hoc, y libros, donde ninguno de los temas de la filosofía ha dejado de ser tratado. Lo que acabanos de decir demuestra palmariamente que existe filosofía en Iberoamérica.

El tratamiento de «la filosofía en América» ha sido casi con exclusividad la tarea académica de nuestras universidades e institutos superiores. Es el «saber establecido» el que ha buscado en «la filosofía en América» la propia justificación de su actividad. Universidades que preparan profesores de filosofía para que enseñen filosofía en la univer­sidad. Y esta filosofía desde siempre se ha entendido como: «Estar al día en lo que se piensa y se escribe en los grandes centros de la filosofía occidental. Traducciones, comentarios de obras principales, frecuentes viajes a Europa, son los motores de esta actividad filosófica[4]. Esta es la filosofía como «fuente pecuniaria», es, en definitiva, a la que puede aplicarse el adagio de Nietzsche: la que oscurece las aguas para que parezcan más profundas. Nosotros creemos que esta forma de «filo­sofar» es condición necesaria pero no suficiente para «hacer filosofía». Ciertamente que el filósofo Iberoamericano debe cultivar todos los recursos metodológicos que ofrece la disciplina, pero no es en el ejercicio sutil, erudito y sagaz de estos recursos como se «hace filosofía» sino en la aplicación de estos recursos a un objeto genuino.

La filosofía en Iberoamérica se puede caracterizar por ciertos rasgos negativos, a saber:

  1. a) Por el sentido imitativo del pensamiento. Se elucubra sobre los modelos de filosofías concebidas, principalmente, en Europa. Así, por ejemplo, un prócer de la filosofía argentina, según los manuales, Francisco Romero – que dicho sea de paso era español – pensó sobre la base de Max Scheler.

Esta importación de ideas modelos ha hecho afirmar al agudo pensador mejicano Gómez Robledo que se ha gestado en América una especie de «entreguismo filosófico», correlato en el orden del espíritu del entreguismo político[5].

  1. b) Por el «universalismo vacío» del que nos habla Samuel Ramos. Y que quiere significar la apertura irrestricta a todo producto intelectual que venga de los centros de poder y cultura internacionales. Este universalismo sólo se calma cuando se «está al día» con todas las novedades. Lo que conlleva además de una tarea infinita, pues todos los días se producen novedades, a una superficialidad manifiesta de toda producción local.
  2. c) Por la falta de originaliad como justamente señala el peruano Salazar Body: «No hay un sistema filosófico de cepa hispanoamericana, una doctrina con significación e influjo en el conjunto del pensamiento universal y no hay tampoco, en el nivel mundial, reacciones plémicas a las afirmaciones de nuestros pensadores, ni secuelas ni efectos doctrinarios de ellas en otras filosofías»[6].

LA FILOSOFÍA DE IBEROAMÉRICA

Decían los antiguos filósofos que primero hay que distinguir para luego poder unir con propiedad.

Llevados de este consejo lo primero que cabe distinguir como lo ha hecho el uruguayo Ardao[7], es entre lo que se entiende por filosofía iberoamericana y filosofía de lo iberoamericano.

  1. a) Filosofía iberoamericana indica la perspectiva histórico espacio-temporal desde donde se realiza filosofía, y ella se encuentra, como acabanos de ver, fuera de discusión. Porque, mal o bien se viene haciendo en América desde el descubrimiento. Lo que ciertamente está en cuestión es la genuinidad de este planteo. Es remedo, copia, imitación de lo pensado en otras latitudes, especialmente en Europa y EEUU. Así en Argentino existe desde hace una década una Revista Latinoamericana de Filosofía que es la prueba evidente de lo afirmado.

En sus páginas campean eruditos estudios sobre Leibniz, Ortega o Spinoza pero no dirigido al rescate de lo valioso que pudiera tener el pensamiento de estos filósofos sobre la realidad del que escribe, sino dirigidos al «campeonato mundial de erudición filosófica». No cayendo en la cuenta estos autoproclamados «filósofos latinoamericanos»,que las ventajas comparativas de «filósofos europeos» de igual tesitura es infinita. vgr. fuentes, idioma materno, acceso bibliográfico, etc.

Esto también puede afirmarse, en parte, sobre el pensamiento de las escuelas, Vgr. la escolástica, el marxismo, etc. pero cabe aquí  hacer la salvedad que sus cultores respectivos poseen una ontología común con los allende el océano, gracias a la cual los filósofos de escuelas en América dependen más de su  ejundia intelectual que de la superabundancia de datos. Y así tomistas como el P. Meinvielle o marxistas como Mariátegui conmovieron la inteligencia europea de los Jacques Maritain y los Henri Barbusse, produciendo «reacciones polémicas» que rompieron el corsé de la indiferencia.

  1. b) La filosofía de lo iberoamericano incorpora como meditación filosófica el tema de lo propio, de lo americano, de la nacional. Esta búsqueda y este intento de inserción de lo propio y particular en lo universal es nuestra tarea más genuina, y, por cierto, la más dificil.

La filosofía desde siempre ha pretendido para sus juicios la validez universal, y esto lo ha hecho siempre recurriendo a la expresión de la esencia de las cosas y los problemas. Y este problema de «lo americano» es un problema más al que la filosofía intenta dar respuesta.

Si se observa detenidamente, apreciamos como el tema de la filosofía de lo iberoamericano posee mayor universo de discurso que la filosofía en Iberoamérica, puesto que el primero es un tema que puede ser abordado, -y de hecho lo ha sido: Hegel, Voltaire, Ortega, Papini, Keyserling. Buffon, de Puw etc.- desde una perspectiva no americana.

Existe, por otra parte, una tradición filosófica dirigida a la explicitación de «lo americano». Esta tradición nace por la década del 20 con los denominados fundadores, que dieron universalidad a nuestra filosofía, dando prioridad en sus meditaciones al tema de nuestra mismidad. Ellos fueron José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Antonio Caso, Alejandro Korn[8] y tantos otros que sin ser específicamente filósofos como Pedro Henriquez Ureña, José Rodó, Roberto Prudencio, Gilberto Freyre, Franz Tamayo, se ocuparon antes que nada, de nuestra mismidad[9].

A partir de los años 40 asistimos al surgimiento de una segunda aleada de filósofos que con mayores recursos metodológicos profundizaron las intuiciones, no del todo desarrolladas, por los fundadores. Filósofos como Salazar Bonfy, Zea, Cruz Costa, de Anquín, Astrada, Ardao, Schwartzmann, Domínguez Caballero, Ricuarte Soler, Zum Fede, Larroyo, Gómez Robledo, Wagner de Reyna, y más acá, Godoy, Mayz Vallenilla, Sepich, Caturelli, O’Gorman, Millas, Kusch[10] y tantos otros, logran la explicitación de diferentes aspectos de nuestra peculiaridad. Ello permite el planteo serio de una ecúmene cultural con rasgos propios y específicos como lo es la Iberoamericana. Este período podría caracterizarse como el del acme o plenitud del pensamiento filosófico sobre lo americano.

Finalmente llegamos a nuestros días en donde, con el triunfo de un modelo planetario de homogeneización del surgido desde los centros de poder (neoliberalismo político, dictadura del «se» -modas, maneras y costumbres-, imposición del inglés como lengua universal, etc.) la filosofía de lo iberoamericano es desalojada de las cátedras, se la silencia y solo encuentra alguna expresión en publicaciones aisladas, o en revistas de tono político que se enfrentan a la ideología mundialista. Salvo, mejor información, solo tenemos noticias de la revista chilena «Ciudad de los Césares» y de algunas publicaciones realizadas en México por el octogenario Leopoldo Zea y el grupo que lo circunda.

                                III. PROBLEMAS DE LA FILOSOFÍA IBEROAMERICANA

Tenemos defectos de formación en nuestras denominadas clases cultas, pues existe una falta de solidez en el conocimiento de las lenguas y la filosofía clásica.

Ello produce el distanciamiento entre la comunidad iberoamericana y el filósofo de estas latitudes. Carecemos de «clima filosófico». Cuando lo hubo, vgr. José Gaos en México y su entorno, se produjo bien y profundo.

Nuestros filósofos se han tenido que ocupor de muchas otras cosas aparte de la tarea reflexiva, distrayendo tiempo a la meditación continuada. Ello debido, fundamentalmente, a la pura realidad económico-social que ofrece el medio iberoamericano para vivir. Se cumple acá el adagio latino primum vivere deinde philosophare. Es sabido que las exigencias del vivir en las sociedades dependientes son mayores que en las sociedades desarrolladas.

La falta de comunicación de los productos filosóficos en el dominio intercontinental fue y es una constante. Así, sabemos más de lo que se produce en Europa o los Estados Unidos que sobre nuestra producción. Claro está, los centros de poder se reservan la «productividad de sentido». Esto es, tienen sentido las ideas o noticias que para esos centros tienen sentido. Y a nuestros productos casi ninguno se le otorga, salvo cuando se resalta el pintoresquismo.

Por otra parte, es sabido que las grandes lenguas modernas se encuentran vinculadas al genio de las naciones de donde provienen, así, el intento de explicitar la experiencia de la realidad que realiza el filósofo hispanoamericano mediante la recurrencia constante a términos acuñados por otras lenguas, produce un extrañamiento más a la ya desdichada conciencia colonizada.

Y por último, si bien es cierto que las diferencias en la posición de bienes materiales son superadas por el auténtico filósofo, la pobreza manifiesta de Iberoamérica, semetida a una cultura de dominación desde el inicio, torna casi imposible una tarea filosófica genuina.

CONCLUSIÓN

Antes que nada es menester destacar que para hacer filosofía iberoamericana hay que hacer filosofía sin más, a secas, desde el origen mismo de los problemas. Pero no olvidando nunca la orientación que ofrece «nuestra tierra y su sentido».

Una corriente de pensamiento pretendidamente afín según sus cultores como lo fue la «teología de la liberación» sostenía que: No tendremos filosofía hasta que no cambiemos la realidad. Pero pone el carro delante del caballo. La filosofía de lo americano debe ser antes que nada filosofía, pero, eso sí, entendida como meditación de lo que es y puede ser, y no simplemente de lo que no es. Y en ese sentido, columbrando el poder sear se  transforma naturalmente en prognósis político-social. Pero no porque previamente se plantee dicha prognósis(utopía en lenguaje socialcristiana) sino porque parte de una experiencia ontológica de lo americano.

Los sistemas filosóficos tradicionales como patrimonio común pueden ser enriquecidos por la inteligencia y la realidad americana, como lo ha sido por ejemplo, para la escolástica la humanidad del indio, el derecho a la guerra o el justo título en el dominio de América.

La filosofía iberoamericana no puede definirse según opina Miró Quesada[11] como filosofía prospectiva que busca su fundamento verdadero en el futuro. El preconcepto que está en la base de opiniones semejantes es la vieja idea iluminista de los Buffon y los de Pauw de inmadurez y juventud que nos achacan.

Si esto fuera cierto podría afirmarse de todos nosotros lo que afirmó Osvaldo Aranha sobre su tierra natal: Pobre Brasil, condenado a ser siempre un gran país del futuro.

La filosofía iberoamericana se define por la genuinidad de su objeto: América y la explicitación de su ser. Allí radica nuestra originalidad en el contexto de la filosofía occidental, y esta originalidad se encuentra vinculada a nuestra experiencia ontológica que de América tenemos. O que pueden tener otros no americanos sobre el tema, según dijimos al comienzo.

No creemos que «una filosofía original será identificable por construcciones conceptuales inéditas de valor reconocido»[12]  como pretende Salazar Bondy, ni que la originalidad estará dada por «la hermenéutica existencial del filósofo hispanoamericano, que desemboca en la definición de nuestro ser como «ser a la expectativa»[13] según sugiere Mayz Vallenilla.

Mucho más cerca está Caturelli cuando sostiene que «podrá haber originariedad sin descubrimiento del espíritu, pero no podrá haber originalidad sin originariedad… la conciencia descubridora de América que es la que revela la originariedad americana ha sido la conciencia cristiana europea»[14]. Pero el cordobés se limita aquí a la analítica de la conciencia descubridora, pero, claro, no se extiende al problema de la originalidad de la filosofía iberoamericana.

Visto esto, sostenemos que la originalidad se produce cuando se ilumina el problema desde su origen, desde su originariedad.

Y la originariedad de América la intuimos nosotros en lo hóspito, según intentamos mostrar en otros trabajos cuando afirmamos: «América, antes que nada, es un espacio geográfico continuo que se ha diferenciado del resto del mundo por su capacidad de hospedar (hospitaria) a todo hombre que como huesped (hospitis), viene de lo in-hóspito. De la guerra, la persecución, el hambre desde los aborígenes que llegaron por el estrecho de Behring hasta las últimas oleadas de asiáticos-. Se llega a América ante lo imposibilidad de ser plenamente hombre. América es pues lo hóspito»[15]. En el desbronce de este concepto radica, pues, una genuina filosofía iberoamericana.

La originariedad de América la encontramos en el concepto de tiempo, entendido como un acompañar con nuestro tiempo a cada ente en su tiempo. Como un madurar con las cosas, tan dispar al «time is money» de la sociedad opulenta, como al «laissez faire» de lo sociedad satisfecha. De ahí, que alguna vez hayamos afirmado que «Este tiempo tan nuestro se lo ha confundido siempre con la «indolencia nativa o gaucha» que los europeos, norteamericanos y cipayos ciegos a nuestra realidad, denotan junto a la holgazanería criolla simbolizada en la siesta»[16]. Es tarea ineludible de los auténticos filósofos iberoamericanos explicitar esta categoría de tiempo.

La originariedad de nuestra América la hallamos en el hecho que, a partir del siglo XVI-ab initio-, tomó un camino diferente al resto de occidente. Prueba de ello es que los grandes relatos de la modernidad (1. el espíritu de lucro, 2. la democracia como forma de vida, 3. el cristianismo subjetivo,4. el poder omnímodo de la razón,5. el progreso ilimitado) no nos han alcanzado. Y así afirmamos: «Ahora bien, si ninguno de los cinco grandes relatos que acabanos de enumerar nos alcanzan a nosotros iberoamericanos es porque nuestra realidad es entitativamente diferente de la europea y de la américana anglosajona. Ello si nos situamos en el plano metafísico se enuncia así: el ser iberoamericano tiene que producir su propio discurso, que no puede ser otra cosa más que alternativa los ya dados, y los filósofos de estas latitudes tienen que prestar oidos a su logos ontológico. Conviene recordar aquí a Heráclito cuando nos dice: Aunque el logos existe siempre, los hombres se tornan incapaces de comprenderlo, tanto antes de oirlo como una vez que lo han oído (22 B 1)»[17].

De ahí que la tarea filosófica, en el sentido de búsqueda de nosotros mismos, de nuestra identidad, de lo nacional, del ser americano, no sea una arbitrariedad sino una exigencia propuesta por nuestra propia realidad americana. En el desbronce de estas, y otras, originariedades, radica pues, la genuina filosofía iberoamericana.

[1] El Dr. Alberto Buela ha recibido el doctorado en Filosofía por la Sorbona de París. Es autor de numerosos libros publicados en el país y en el extranjero.

[2] Buela, Alberto; Pensadores nacionales iberoamericanos, Ed. Bibl. del Congreso de la Nación, Bs. As., 1993.

[3] Caturelli, Alberto; La Filosofía en la Argentina actual, Ed. Sudameri­cana, Bs. As. 1971. Pró, Diego; Historia del Pensamiento filosófico Argentino, Ed. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1973. Torchia Estrada, J.C.: La Filosofía en la Argentina, Washington, 1961. Ardao, Arturo; La Filosofía en el Uruguay, FCE, México, 1956. Salazar Bondy, Augusto; La Filosofía en el Perú, Washington, 1954. Francovich, Guil­lermo; El pensamiento boliviano en el siglo XX, FCE, México, 1956. Gómez Robledo, Antonio; La Filosofía en el Brasil, Ed. Universidad de México, 1946.Fránquiz, José; Panorama de la Filosofía en Puerto Rico, Nueva York, 1945. Viter, M; La Filosofía en Cuba, México, 1945. Villalba, L; La Filosofía en Venezuela, Caracas, 1945. Molina, Enrique; La Filosofía en Chile, Santiago, 1963. Salazar, Ramón; Historia del desenvolvimiento Intelectual de Guatemala, Ed. Ministerio de Educación, Guatemala, 1951.

[4] Villegas, A; Panorama de la Filosofía Iberoamericana actual,  Eudeba, Bs. As. 1963, p. 8.

[5] Gómez Robledo, A: op. cit., p. 189.

[6] Salazar Bondy, A; Existe una Filosofía de nuestra América, Ed. Siglo XXI, México, 1968, p. 42.

[7] Ardao, A; Filosofía de Lengua Española, Montevideo, 1963, p. 73.

[8] Vasconcios, José; Necesidad de una Filosofía Iberoamericana, México, 1930. Reyes, Alfonso; Notas sobre la Inteligencia Americana, México, 1936. Caso, Antonio; México, Apuntalamientos de Cultura propia, Ed. Universitaria, México, 1943. Korn, Alejandro; La Filosofía Argentina, en Obras Completas, Ed. Claridad, Bs. As. 1949.

[9] Henriquez Ureña, Pedro; La tuopía de América, Ed. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1983. Rodó, José Enrique: Ariel, Ed. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1978. Freyre, Gilberto; Casa Grande ySenzala, Ed. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1983. Prudencio, Roberto: Sentido y proyección del Kollasuyo, Lima, 1932.

[10] Salazar Bondy, Augusto; Existe una Filosofía de nuestra América?, Ed. Siglo XXI, Lima, 1968. Zea, Leopoldo; Filosofía Americana como Filosofía sin más, Ed. Siglo XXI; México, 1969. Cruz Costa, Joao; Esbozo de Una Historia de las Ideas en Brasil, FCE, México, 1957. Anquin, Nimio de; El ser visto desde América (1953), en Ente y Ser, Ed. Gredos, Madrid, 1962. Astrada, Carlos; El mito Gaucho, primera edición 1948, Ed. Docencia, Bs. As. 1983. Ardao, Arturo; Filosofía de Lengua Española, Montevideo, 1963. Schwartsmann, Félix; El sentimiento de lo humano en América,Santiago de Chile, 1953. Dominguez Caballero, Diego; Sobre la esencia de lo panameño, Ed. C. De Cultura Latinoamericana, México, 1979. Ricuarte Soler; La nación latinoamericana, proyecto y problema, Ed. C. de Cultura Latinoamericana, México, 1979. Zum Felde, Alberto; El problema de la conciencia americana, Ed. Losada, Bs. As., 1943. Larroyo, Francisco; La Filosofía americana, su razón y su sin razón de ser, UNAM, México, 1958. Gómez Robledo, Antonio; Idea y experiencia de América, FCE, México, 1958. Wagner de Reyna, Alberto; La Filosofía en Iberoamérica, Lima, 1949. Godey, Hernán; El Carácter Chileno, Ed. Universitaria, Santiago, 1981. Mayz Vallenilla, Ernesto; El problema de América, Caracas, 1959. Sepich, Juan; Latinoamerica: Madurez o decadencia?, E. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1987. Caturelli, Alberto; América Bifronte, Ed. Troquel, Bs. As., 1961. O Gorman, Edmundo; La invención de América, FCE, México, 1958. Millas, Jorge; Discursos y comentarios en torno al tema de la Filosofía en América, Santiago, 1953. Kush, Rodolfo; América Profunda, Ed. Bonum, Bs. As., 1975.

[11] Miró Quesada, Francisco; La Filosofía Hispanoamericana, Lima, 1957.

[12] Salazar Bondy, Augusto; op. cit., p. 100.

[13] Mayz Vallenilla, Ernesto; op. cit., p. 78.

[14] Caturelli, Alberto; El nuevo mundo, Edamex, México, 1991, pp. 54 ss.

[15] Buela, Alberto; El sentido de América, Ed. Theoría, Bs. As. 1991, p. 124.

[16] Buela, Alberto; El ser de iberoamérica, en Rev. Inst. de Invest. Históricas J.M. de Rosas, nro 29, Bs. As., Diciembre de 1992.

[17] Buela, Alberto; Filosofía Alternativa, Ed. C. de L., Bs. As., 1992, p. 28.

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